Tiene el pelo alborotado, la sonrisa torcida y en los ojos ese brillo peculiar de la mujer que sabe mucho más de lo que está dispuesta a contar. Con un mono azul desteñido y unos zapatos rojo vivo, va allá donde la llevan sus palomas, que no son pocas.
Algunas se posan en su sombrero y en su hombro; otras la siguen fielmente a sus pies. Lleva un diminuto bolso rojo que, se supone, guarda algo importante… o quizá solo migas.
Tiene algo maravillosamente excéntrico. No es una bruja tradicional, ni tampoco exactamente una abuela del bosque. Parece más bien un personaje que se escapó de un viejo cuento y decidió quedarse.
Un poco misteriosa, un poco pícara, algo curtida por la intemperie y del todo indiferente a lo que los demás piensen de ella.




Impresiones de los visitantes
Deja una impresión