Del estante
El mundo no es como te parece
Si estás leyendo esto, es que todavía puedes
¿Qué, habéis captado señales de civilizaciones extraterrestres? ¿Habéis encontrado con vuestros telescopitos vida nueva en planetas lejanos? ¿Habéis logrado establecer contacto con los platos, platillos y sartenes voladores que pasan por ahí? ¿Y cómo reaccionaríais si os dijera que los extraterrestres os conquistaron hace muchísimo tiempo y llevan miles de años usándoos para sus fines?
Para esclavizar vuestro planeta no hace falta viajar hasta él físicamente. Basta con que sobre vuestra Tierra caiga por casualidad una piedrecita con unas cifras y algunas regularidades que se pueden describir con esas cifras, y ya está... Y así vosotros «inventasteis» las matemáticas.
Y ese virus empezó a colarse y a instalarse en el cerebro de mucha gente. Vive como parásito a base de ayudar a las neuronas a relacionarse activamente unas con otras, y las neuronas ya no están tan solas. Siempre están ocupadas sumando, restando, sacando proporciones. Ahora siempre están contando algo, y a cambio reciben el placer de que el cuerpo no tenga que correr a ninguna parte, ni cazar ni matar a nadie, ni cavar mucho y con esfuerzo para desenterrar algo. El virus extraterrestre, las matemáticas, os conquistó y os esclavizó hace muchísimo, y vosotros seguís buscando hombrecillos verdes. Qué graciosos sois...
¿Por qué, cuando vais a la tienda, compráis productos que cuestan tanto dinero y luego un punto, y detrás del punto unas cuantas cifras más? Y casi siempre al final hay un punto y 99, para que no dejéis de contar, para que las cuentas no se acaben nunca. Porque si un producto cuesta 1.99, al comprar el segundo tampoco os libraréis de las cifras detrás del punto. Coged 4 productos o coged 15: siempre habrá algo detrás del punto, siempre estaréis contando algo, ¡¡¡¡siempre!!!!
Incluso cuando ya no queda nada, el virus os soplará que aun así hay algo, ¡y «inventaréis» el cero! Para poder hacer algo con él. Las matemáticas pueden calcular cualquier cosa: cuántos impuestos tienes que pagar, cuántas millas tienes que recorrer, cuánto has vivido, cuántas calorías tienes que quemar. Todo en tu vida está rodeado de cifras, de números, de cuentas. Ni un solo aspecto de tu vida transcurre sin cifras ni cuentas. Te vas a dormir y piensas a qué hora en números tienes que levantarte. Las cifras te rodean, hace tiempo que te tomaron como rehén.
Llegas a este mundo y enseguida te convierten en números: tu peso es tanto, tu altura es tanto. Te vas de esta vida y otra vez te convierten en cifras: viviste tanto, moriste a tal hora. Hace mucho que no estás, y aun así te convierten en cifras: «Ay, ya hace tantos años que no está con nosotros».
Vaya, ya han venido a mi habitación. Me van a dar otra vez el número exacto de pastillas para que deje de contarle a todo el mundo la verdad, para que no inquiete a los demás con mis discursos sobre cómo las matemáticas inventaron internet para digitalizar a las personas y meter su pensamiento, su mente, en internet. Porque así luego es muy fácil transmitir a distancia todo lo que tenéis de más valioso: no necesitamos vuestros cuerpos, necesitamos vuestros pensamientos, vuestras cuentas, vuestras emociones, las que dejáis en internet...
Me voy a seguir contándoles a los demás que basta con que una manzana caiga «por casualidad» sobre una cabeza para que en vuestras cabezas nazca la FÍSICA. Y esa ya es otra forma de vida extraterrestre, nuestra competidora. De nuestros enemigos os hablaré cuando se pase el efecto de esas dosis de medicina, matemáticamente exactas.
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