Del estante

Las empanadillas te lo enseñan todo

¿De qué quiere la empanadilla? ¿De col, de cerezas, de requesón? Pues ha vuelto a fallar.

Mi nombre es demasiado famoso para decírselo, por eso lo guardo en secreto de todo el mundo. ¿Para qué iba a recordarlo nadie? A ver si va a llegar hasta la policía y me denuncia... Casos así, claro está, todavía no ha habido, porque mis empanadillas de periódico son las más nutritivas, sabrosas y asombrosamente sanas. Después de probar un bocadito, nadie ha vuelto nunca a decirme nada... En principio, ni una palabra sobre mis empanadillas.

Una vez tenía tanta hambre que decidí comerme yo también una de mis obras maestras. Pero, o las noticias del periódico no eran frescas, o la letra era negrita y grasienta, o a lo mejor los chistes del final del periódico eran demasiado picantes... El caso es que me sentó tan mal que decidí revisar mi dieta. Borré todas las webs de noticias, los canales y los grupos, y ahora solo veo el parte del tiempo, y eso con un solo ojo.

En realidad, a mí lo que me encanta es preparar a la gente. ¡Nooo, no piense mal! Me encanta preparar a la gente para algo bueno. Por ejemplo, para la fiesta «Panecillo, ¿dónde está mi dientecillo?» o «Qué rico ay me muero no me salvo, pon la coma donde toque». Es un maratón diario, y cada día alguien a veces se lleva el premio por méritos antes y después de comer: «Superviviente».

Los premiados son gente muy interesante. Son los que no van a restaurantes, no comen en casa, se levantan muy temprano para luego dormirse en el acto. Y cuando ya llegan tarde al trabajo sin remedio, vienen corriendo a mí a comprar, en vez de mis espléndidas empanadillas de periódico, un batido verde de esos, color ciénaga. Siempre me preguntan: —¿Tiene batidos? Y yo les pregunto: —¡¿Cómo?! Y ellos: —Pues eso, un mejunje color ciénaga.

¡Y entonces caigo en que de ese «batidito» tengo un montón! Antes lo tiraba sin más. Es el aceite de toda una semana de freír mis obras maestras, que hasta a las piedras las mata y las descompone. ¡Y resulta que la gente se lo bebe y le gusta! Bueno, qué le vamos a hacer.

En fin, el negocio marcha: yo me quedo quieta y la gente sale corriendo después de probar mi obra maestra. Da la impresión de que mis empanadillas de periódico les dan alas, fuerzas y la seguridad de que, si sobreviven a lo que se han comido, vivirán muchísimo tiempo. Bueno, allá ellos, ¡la culpa es suya! Y si hace falta un médico, aquí tengo a una chamana... Curo por criptografía e irradio con cuantos

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